viernes, 9 de enero de 2015

KIRMEN URIBE (Modificado)

Selección de Poemas del libro de Kirmen 

"MIENTRAS TANTO CÓGEME LA MANO"

Un título tan sencillo como hermoso y delicado. 

Estos poemas me gustan mucho por sensitivos. 
Tienen hondura. Sus finales, sobre todo. 
Los cierra muy poéticamente. 

...Me seducen los Versos que he subrayado.

MANZANAS

Homero utilizaba una sola palabra 
para nombrar el cuerpo y la piel. 
Safo se dormía sobre los pechos de sus amigas. 
Etxepare soñaba con mujeres desnudas.

Hace tiempo que todos callaron.

Hoy parece que hemos de ser perfectos también en la cama, 
como esas manzanas rojas del supermercado,
demasiado perfectas.
Nos pedimos demasiado,
y casi nunca sucede lo que esperamos
de nosotros mismos, del otro o de la otra.
Las leyes son distintas al enredarse los cuerpos.

Homero utilizaba una sola palabra 
para nombrar el cuerpo y la piel. 

Safo se dormía sobre los pechos de sus amigas. 
Etxepare soñaba con mujeres desnudas.
Aún me acuerdo del tiempo
en que pasábamos la noche en vela, abrazados, 
como cachorros de tigre.

Beñat Etxepare. Poeta y clérigo anterior a la contrarreforma, autor del 
primer libro impreso en euskera, Lingua Vasconum Primitiae, en 1545. 

VOLGA

Es abril. Se han deshelado las aguas del Volga.
Los vapores han empezado a navegar
por los mismos lugares que hace un mes cruzaban los carros.
Antón Chéjov se dirige a la isla-cárcel de Sajalin.
Su madre le ha dicho que no lo haga,
su hermano le ha dicho que no lo haga.
Pero él lo tiene muy claro:
Quiere dar nombre al infierno.

Es diciembre. Chéjov llega a Moscú.

Su madre y su hermano acuden a recibido.
Trae baúles repletos de pap
eles.
Pero sus ojos están demasiado cansados,
cub
iertos por un velo azul, cristalizados
por una d
elgada capa de hielo
que no puede resistir el paso de los días.

EL RÍO

En otro tiempo hubo un río aquí,
donde ahora hay bancos y losetas.
Hay más de una docena de ríos bajo la ciudad,
si hacemos caso a los más viejos.
Ahora es sólo una plaza en un barrio obrero.
y tres chopos son la única señal
de que el río sigue ahí abajo.

En cada uno de nosotros hay un río oculto
a punto de desbordarse.
Si no son los miedos, es el arrepentimiento.
Si no son las dudas, la impotencia.

Un viento del Oeste azota los chopos.
La gente avanza a duras penas.
Desde el cuarto piso una mujer mayor
está tirando ropa por la ventana:
tira una camisa negra y una falda de cuadros
y un pañu
elo de seda amarillo y unas medias
y aquellos zapatos que llevaba
el día de invierno que llegó del pueblo.
Unos zapatos de charol, blancos y negros
.
En la nieve, sus pies parecían avefrías congeladas.

Los niños echan a correr tras la ropa.
Al final, ha sacado su vestido de boda,
se ha posado sobre un chopo, torpemente,
como si fuera un pájaro grande
.
Se oye un gran ruido. Se asustan los transeúntes.
El viento ha arrancado de cuajo uno de los chopos.

Las raíces del árbol parecen la mano de una mujer mayor,
que espera que cuanto antes ot
ra mano la acaricie.




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